Esa tarde fue intensa, fue silenciosa, y en parte era mi tarde, no habían voces, no sentí miradas mas fuertes que la del sol, miré mientras él caía, cada vez se escondía mas atrás de las nubes; a momentos sentí que gritaba mi nombre y pedía ayuda, no tuve armas ni el coraje suficiente para salvarlo, y de un momento a otro iluminó completamente mi tarde, destelló por última vez ese día, y durmió profundamente bajo el horizonte. Mis pulmones de a poco se fueron llenando del frío viento que empezaba a correr, nuevamente me vi sola, sin Dios ni sol, sin voces ni abrazos, sin nada, nuevamente sola, con los huesos fríos y las manos frías, con la sonrisa ausente, con la esperanza perdida.
6.2.09
Sin Dios ni Sol
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